El Capitán Inmortal

«…para nosotros significó un padre, un hermano, un amigo,
un compadre, un consejero, el punto de equilibrio de nuestras vidas,
era el hombre fuerte de la media cancha en nuestros tiempos de gloria,
fue el capitán del Campeonísimo..»
Jaime Gómez

Cuenta la leyenda que el 23 de Julio del 2002, muchos de nuestros más grandes ídolos acudieron al funeral colonias (a unos cuantos metros del Estadio Akron) a testificar algo que para ellos era imposible de observar: Juan Jasso había muerto.

Les resultaba inverosímil por la sencilla razón de que bajo su nombre, se creó una leyenda.

SU INMORTALIDAD.

Esa investidura lo hizo único pues nadie alcanzó 21 años de carrera en el Club, 433 partidos defendiendo el mismo escudo, 15 títulos oficiales detrás del legendario bigote; nadie se convirtió en padre, hermano, compadre, capitán y héroe a la vez, solo él, el tiempo le generó respeto y el respeto: leyenda.

El mismo jugador en el mismo lugar, décadas, una y otra, y otra vez, 100, 200, 300, 400 partidos. Comienzas a perder la noción de la realidad, todo se vuelve abstracto, nace una broma en el vestidor, lo escuchas un par de veces en la tribuna, lees alguna historieta con similitudes y de repente esta ahí, enfrente de ti, algo normal: un ser inmortal, el jugador más emblemático de las Chivas Rayadas del Guadalajara.

Ese es Jaime Tubo Gómez volteando hacia arriba, observando al gran capitán construir a base de constancia y paciencia al fenómeno social y la mexicanidad en sinónimo de lealtad, respeto, compromiso y éxito. Ahí, muy cerquita de GOAT, sin perder piso, convenció a todos, su fortaleza hizo brillar a sus amigos y así de pronto Juan Jasso se convirtió en el cinturón de nuestra hermosa historia, en la determinación y la humildad que representa este Club cada que sale a un campo de juego, recuerden eso, recuérdenlo a él siempre que sientan ese sentimiento de orgullo por este Club.

Y bien, ahí parado en el funeral Colonias, Jaime Gómez, abrazando su libro de estadísticas del campeonísimo recordó lo que un día antes de partir, su padre, amigo, capitán y él platicaron en el hospital, sobre aquel gol de penal de aquella tarde de domingo del 23 de octubre de 1966 en que el Guadalajara venció a Ciudad Madero, el día que el fútbol mexicano observó el milagro, la transformación de un jugador llanero de fútbol, en un ser inmortal. Después lo abrazó y apuntó unas cuantas notas extra que en sus restantes 6 años de vida, nunca olvidaría:

“Juan Jasso Martínez nunca murió, nunca lo dejes morir”

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