M&M

Matías y Miguel eran dos niños de 12 y 11 años, respectivamente. Físicamente, ambos eran muy diferentes. Matías era un niño amable, simpático, elegante, con porte y muy estudioso. Físicamente muy parecido al príncipe de los cuentos. Miguel tenía poca gracia, de mal ver y con un carácter sumamente rebelde. Físicamente muy parecido al Pablo Mármol de las caricaturas.

Un día de diciembre, mientras jugaban fútbol en el bosque, se les apareció un hada. El hada les dijo:

– ¡He venido a traerles un regalo de Año nuevo!

Con su varita mágica, hizo aparecer dos libros. Cada niño agarró uno de los libritos, pero resulta que estaban en blanco.
¡No había nada escrito!
Matías, que era muy agradecido, se puso muy contento, con un suave abrazo le dio las gracias al hada. Miguel sólo refunfuñó. Se enfadó tanto, que tiró el librito en un charco de lodo, lo levantó y al llegar a su casa, lo usó para equilibrar la pata de una mesa que estaba un poco coja. Matías llevó con delicadeza su libro a su casa y lo guardó en un lugar muy especial.

Después de un año entero, de nuevo apareció el hada. Esta vez, les pidió que le enseñaran los libritos que les había entregado el año anterior. El libro de Matías estaba nuevo e impecable. El de Miguel, todo sucio y manchado. Entonces les dijo que echaran un vistazo adentro en las hojas. El libro de Miguel estaba lleno de borrones, con faltas ortográficas, deforme y aplastado. No se entendía nada. Sin embargo, el de Matías estaba lleno de hermosas Letras Rojiblancas, parecía algo divino…

– “Todos esos borrones son de los momentos en los que NO te portaste bien con los demás. Insultabas y te querías pelear con todos. Hacías señas obscenas. Le pegaste a otro niño. Desobedeciste a tu madre. Tu amigo, sin embargo, ha sido bondadoso, y por eso su libro está escrito con Letras Rojiblancas”, le dijo el hada a Miguel.

– “Las Letras Rojiblancas son por cada vez que diste un beso a tu madre, o cuando le prestaste los juguetes a tu hermana. Aquel día que ayudaste en clase a tu compañero Alanis, o ese otro amigo al que se querían llevar a otra escuela. ¡Tú le ayudaste!. O cuando uniste a todos los niños que estaban muy desunidos, sacando a flote este grupo. Cuando le dabas una manzana a la maestra o cuando le decías a Miguel que copiar y robar, no era correcto”, le dijo el hada a Matías.

Matías quería quedarse con su libro. ¡Era tan bonito! Pero el hada dijo que no podía ser, porque aquellos libros tenían que ir a la biblioteca del ‘Padre Tiempo’, quién anotaba cada año qué niños habían sido buenos y cuáles se habían portado mal.
Matías se quedó con los aplausos.
Miguel con las rechiflas. ¡Sin comparación!
El hada, ofreció una vez más dos libros nuevos, ambos con las páginas en blanco.

Miguel había aprendido la lección, y prometió al hada que su libro estaría lleno de letras amarillas el año siguiente. Matías aseguró que intentaría mejorar aún más. El hada se despidió muy contenta de ellos, deseándoles un Feliz Año Nuevo…

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