Del Parque Oro al Jalisco… y del Jalisco al Akron

Llamamos casa al lugar que habitamos, a ese espacio que hacemos nuestro y en donde nos sentimos cómodos, seguros y en confianza. Varias veces en nuestras vidas, por diversas razones, cambiamos de casa para habitar otros espacios sin que esto signifique que no guardemos memorias y que no conservemos todo tipo de recuerdos de la casa que dejamos. Nos pasa en la vida y nos ha pasado como aficionados al Guadalajara, ya seas un veterano privilegiado que vivió los partidos del Campeonísimo en el Parque Oro y en el Jalisco o un joven persistente que poco ha festejado en el actual Estadio Akron, experimentar los partidos del Rebaño Sagrado en tres casas distintas ha implicado cambios que no siempre fueron del todo agradables.

Los aficionados más veteranos cuentan que el primer estadio en el que las Chivas jugaron de locales fue en el Parque Oro, tradicionalmente se he establecido que fue Rosendo Martínez Sandoval, presidente del Club Oro en aquellos años, quien tuvo la iniciativa de emprender el proyecto de la construcción de este recinto deportivo (Doñan, 2001:89) (Bañuelos Rentería, 1998:67). Entre 1943 y 1960, el Jacalón de Oblatos fue testigo de las principales hazañas de los equipos tapatíos y muy en particular de los éxitos de las Chivas. Sin duda, los aficionados disfrutaron tal vez de la mejor época del futbol jalisciense, y fue en el graderío en donde se consolidaron algunas costumbres y grupos de amistades.

En alguna ocasión mi abuelo, Don Julián Patiño Lozano, me platicó que desde la parte alta del graderío lanzaron una víbora a la zona donde se ubicaba la gente pudiente. Mi abuelo también recordaba como encendían bolas de trapo con gasolina y las lanzaban para divertirse, aunque era riesgoso y más de alguno se llegó a quemar un poco, era algo de lo que se acostumbraba en ese tiempo.

En una conversación que tuve con Carmen Reyes Monteón, hermana del gran Chava Reyes, me describió que ir al Parque Oro “era como ir a un día de campo, había mucho entusiasmo, era levantarse temprano, preparar el desayuno si el partido era al mediodía. Era irse temprano para ganar el lugar que nosotros queríamos”. Carmen Reyes también me contó que el ambiente donde ella se sentaba era muy familiar porque todos los que se ubicaban en esa misma zona ya se conocían, incluso se ponían de acuerdo para llegar a la misma y ver juntos el partido, era su “familia de los partidos”.

Las experiencias de estos aficionados que tuvieron la suerte presenciar los partidos de las Chivas en el Parque Oro nos ayudan a imaginar que el ambiente podría ser variado y tal vez distinto al que se vivió en el Jalisco y lo que ahora significa ir al Akron. Lo que me parece que no es tan diferente es la tradición de conocer y construir una familia futbolera, esos amigos que en las tribunas viven con la misma pasión los buenos y malos momentos que nos hacen pasar nuestras amadas Chivas.

A los lectores de Rojo y Blanco: ¿qué historias conocen del Parque Oro? ¿cómo se enteraron de esas historias? ¿cómo se imaginan que era asistir a este estadio?

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