Jaime, un auténtico embajador rojiblanco

Existe un dicho originado en alguna tribuna sudamericana que dice: “Todo puede cambiar, menos los colores de mi camiseta” frase que embona a la perfección con la vida de Jaime. Jaime nació en La Piedad Michoacán, donde creció junto a su gusto por el futbol. Rebocero de nacimiento, Chiva por convicción, fue su afición por el Guadalajara la que lo llevó muchas veces al estadio Jalisco donde disfrutó muchos partidos, mismo lugar donde tiene uno de sus mejores recuerdos, aquel gol de Daniel Guzmán a 5 minutos del final para eliminar a Santos en la liguilla de la campaña 1994-95.

La vida lo hizo emigrar hacía EU y el destino, como siempre caprichoso, lo llevó a Japón; específicamente a Okinawa. Es desde aquella lejana tierra donde Jaime vibra con el equipo de sus amores, siempre que tiene oportunidad y el sueño se lo permite, sigue los partidos de Chivas. Aunque a veces tiene que aguantarse las ganas de gritar gol o mitigarlo con una almohada para no despertar a los vecinos, como lo hizo en la final cuando Alan Pulido la mandó guardar.

Orgulloso de su origen, de su trabajo y sobre todo de su equipo, nunca pierde la oportunidad de vestir la rojiblanca o cualquier otra camiseta del Guadalajara. La canción dice: “en todo México siempre hay un Chiva hermano”, quizá necesitamos una nueva versión para aclarar que no solo en México sino en el mundo siempre hay un Chiva hermano y en Japón la frase será válida gracias a Jaime.

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